Bobby

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Diariamente en mi trabajo de conductista, raramente hago verdaderas comunicaciones con los perros. Pero utilizo esta herramienta y las cosas que me vienen sin que las haya buscado. Estas informaciones me permiten afinar en la evaluación del comportamiento. Tengo el punto de vista del perro paralelamente al del propietario.

El propietario de Bobby contactó conmigo por qué el perro había mordido al pequeño de la familia un niño de 8 años. Un mordisco en la cara que necesitó puntos de sutura: El domador/educador que hacia el seguimiento del perro desde los 2 meses de edad, el veterinario y el criador aconsejaron la eutanasia. Bobby es un perro grande de 57 kilos, y solo tiene 10 meses, su raza está clasificada como "peligrosa" y ahora con un mordisco en su haber. Nadie quiere tomar riesgos.

A menudo es durante mis trayectos en coche antes o después de las visitas cuando me llegan las informaciones. Cuando me dirigía a la casa de los propietarios de Bobby el perro se me apareció entre una espesa niebla i oí la palabra “incomprensión”. Cuando llegue allí, el propietario estaba extremadamente nervioso por la decisión que debía tomar. El esperaba que yo diera validez al veredicto de los otros profesionales.

En el interior de los ojos de Bobby, leí un terror inmenso. El no comprendía que había pasado, pero sabia que estaba en peligro de muerte. Con imágenes le dije que había mordido al niño, el no lo recordaba, no comprendía. La niebla seguía allí…

El criador me cuenta la historia de Bobby. Nada en contra del criador quien se había ocupado bien de el y lo familiarizó con profesionalidad y atención.

Luego, fue a la escuela para cachorros y entonces, cuando el profesor me habla, siento la niebla de Bobby, la opresión, y me cuesta respirar…

El profesor me explica como allí, aprendió a poner el cachorro de espaldas, a estrangularlo cuando se enfada o gruñe; como el entrenador involucra a los niños en la "educación" de Bobby, como han ellos, quitado el hueso de su boca, siempre con un castigo si protestaba….

Bobby creció y los cursos se mantuvieron desafiantes para el y su propietario. Le pido al perro dos o tres ordenes básicas, no obedece, no hay ninguna reacción. La niebla proviene de allí: Bobby no ha entendido nada, no ha aprendido nada en 8 meses de trabajo. No entiende que se espera de el cuando le dan las ordenes, solo entiende que va a ser castigado.

El día en que el niño quiso quitar algo de la boca de Bobby, el niño hizo lo que el entrenador le enseño: lo golpea, le sacude. El perro gruñe un rato, le enseña los dientes, los padres que están dentro de la casa no lo oyen, el niño continua y Bobby muerde!

Explico a los padres lo que pasó, como Bobby llego hasta allí, los cambios que hacen falta para cambiar para que no vuelva a actuar así, el trabajo basado en la confianza y el respeto que quiero hacer con su perro. Ellos aceptan, cambian de veterinario, no verán mas al entrenador.

De vuelta a casa, durante todo el trayecto y aún después, Bobby lloraba en mis brazos Aliviado porque se creía condenado a muerte. En realidad solo era una victima.

Hoy, Bobby está bien, su pequeño amo progresa hacia el respeto de su perro, los padres han ganado en responsabilidad.

Yo, me siento realmente en el lugar que me corresponde.

~ Eléonore Buffet, conductista canina de la asociación Apikidog en Haute-Savoie, Francia
Mayo 2009